Proverbios 30:7-9 RVR60
Dos cosas te he demandado; No me las niegues antes que muera: Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan necesario; No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios.
El hombre se afana eran el trabajo y en un mejor estatus, la vida se infla en un descuido y si cosa deseada obtenemos algo más viene a nuestro deseo. El joven comienza a trabajar y empieza a ganar su propio dinero, colabora en sus casas y porque no, se da sus primeros gustos. La ambición del joven emprendedor crece y está bien. Es la motivación de superación de cualquier muchacho con ganas de querer hacer las cosas bien. Pero hay que reconocerlo, somos muy débiles al éxito, se nos hincha el pecho y estamos acabados.
Agur lo sabía, sabía en su juventud que el exceso segaba y el hambre carcomia la voluntad, por esa razón el pedía a Dios sólo lo necesario. Esto es sabiduría envuelta en humildad, ambición aderezada con sencillez. Vida que sólo un hombre que conoce a Dios y a su hijo puede añorar y sentirse satisfecho. Agur conocía a Jesús? Volvamos a unos versículos anteriores y dejémonos sorprender del poder de Dios.
Proverbios 30:4 RVR60
¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño? ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?
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